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Bajo el siniestro resplandor de la luna llena, la nigromante se alza en medio de la penumbra...

Bajo el siniestro resplandor de la luna llena, la nigromante se alza en medio de la penumbra, sosteniendo en una mano el cráneo desgastado de una vieja bruja, amarillento y agrietado por el peso de los siglos. Sus dedos pálidos, huesudos, lo envuelven con un cuidado reverencial, como si temiera despertar los ecos que aún susurran desde su interior. Sus labios, teñidos por el color de antiguos sacrificios, murmuran invocaciones en un idioma olvidado, mientras una energía oscura serpentea por el aire, pesada y opresiva. En sus ojos brilla un fuego sombrío, reflejo de un propósito insaciable. Cada palabra pronunciada resuena en la vasta soledad como un latido seco, llamando a entidades que acechan en las sombras más allá del velo de la realidad. La luna, fría y distante, parece observarla, cómplice muda de un ritual que desafía las leyes de los vivos y de los muertos.
Photo by LilithSaifer & LuiSaifer (2021) AlDesingStudiO313

Tras los muros de la vieja y abandonada abadía, se extienden pasillos oscuros y asfixiantes, un laberinto de puertas carcomidas por el tiempo que parecen susurrar en la penumbra...

Tras los muros de la vieja y abandonada abadía, se extienden pasillos oscuros y asfixiantes, un laberinto de puertas carcomidas por el tiempo que parecen susurrar en la penumbra. Cada paso resuena en ecos inquietantes, como si algo invisible acechara desde las sombras. Pero entre esos corredores interminables, hay una puerta distinta, oculta tras estanterías cubiertas de moho y telarañas, como si el propio tiempo hubiera intentado sellarla en el olvido.
Más allá de esa entrada yace una sala sombría, un espacio en el que la luz apenas se atreve a entrar. En su centro, sobre una mesa de roble podrida y agrietada, descansa el Necronomicon. Su cubierta, confeccionada con lo que parece ser piel humana curtida, palpita débilmente, como si tuviera un corazón oculto. Oscuras runas en relieve brillan con un fulgor maligno, apenas visible, pero cargado de un poder primigenio que eriza la piel.
El aire en la habitación es gélido y pesado, impregnado con el hedor de la muerte y la corrupción. Un murmullo apenas perceptible llena el espacio, voces ancestrales que hablan en lenguas olvidadas, prometiendo saberes imposibles... y amenazas aún peores. Al acercarse, una sombra intangible parece rodear el lugar, una presencia que no pertenece a este mundo.
Tocar el libro es un desafío a la cordura, una invitación a algo que no se puede deshacer. Y sin embargo, aquellos que lo encuentran no pueden resistir su llamado, como si una voluntad más antigua que el tiempo los arrastrara inexorablemente hacia el abismo.
Photography by LuiSaifer (AlDesingStudiO313)

En la fría y oscura noche, el viejo callejón yacía sepultado bajo un silencio pesado, roto solo por el murmullo distante del viento...

En la fría y oscura noche, el viejo callejón yacía sepultado bajo un silencio pesado, roto solo por el murmullo distante del viento. Allí, en lo profundo de las sombras, una figura esperaba, inmóvil como una estatua, pero cargada con una tensión casi palpable. Su mano, firme como el acero, sostenía un cuchillo cuya hoja, afilada hasta el extremo, parecía prometer un corte limpio, letal.
Sin embargo, lo que realmente congelaba el alma no era la hoja ni su postura, sino sus ojos brillantes y crueles, que ardían en la penumbra con un fulgor antinatural. Ese brillo no era humano; era una chispa de algo más antiguo, más oscuro, como si la misma esencia del abismo se reflejara en ellos. La luz que emanaban no iluminaba el callejón, pero perforaba la oscuridad, fijándose con precisión sobre lo que buscaban.
Los pasos llegaron, torpes al principio, como si la presa sospechara algo, pero no lo suficiente como para huir. La figura, inmóvil aún, inclinó ligeramente la cabeza, y el cuchillo en su mano pareció tensarse junto con él, como si fuera una extensión de su voluntad. El filo capturó un débil destello de luz antes de desaparecer en un movimiento rápido y preciso.
Un grito breve y seco fue tragado por la noche, y la figura no se movió más que lo necesario, sujeta a una disciplina casi ritual. El cuchillo permaneció en su mano, firme como siempre, con un rastro carmesí que goteaba lentamente, mientras los ojos brillaban más intensos, como si se alimentaran del acto recién consumado.
El callejón, indiferente al horror que acababa de presenciar, volvió a sumergirse en su penumbra eterna, mientras la figura se desvanecía en las sombras, dejando tras de sí solo el eco de pasos que nunca volvieron a cruzarlo.
Photography by LuiSaifer (AlDesingStudiO313